Resulta que desde hace ya un tiempo, un neoyorquino ha formado una empresa un tanto especial. Se dedica a recoger basura que se encuentra por las calles de Nueva York, limpia lo que puede y la almacena en pequeños cubos de plástico bastante bonitos que vende como pieza de coleccionista o como souvenir de la ciudad y no precisamente a un precio bajo (creo que el más bajo rondaba los 50 dólares). Un negocio peculiar que, todo hay que decirlo, cuida su imagen a pesar del producto que vende.
Aquí su web por si queréis echar un vistazo o, quién sabe, haceros con un pedacito de basura.
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